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Los bancos de la década de los 60 no son como los de hoy en día, y ello se refleja claramente en el edificio de la Seattle Banking Corporation, un pequeño banco aparentemente independiente, pero cuya propiedad final es de Novatech si sabéis escarbar bien entre los rastros de datos. Está localizado en pleno centro de Seattle, en la zona cercana al puerto de recreo de la ciudad.

La sede principal en la ciudad, y única, es un bajo amplio, ya que no grande. Un hall central con amplio espacio y butacas dispuestas en torno a las paredes nos recibe con elegancia. Pequeñas columnas negras surgen de un suelo de mármol del mismo color, creando un sobrio contraste con las paredes crema. Una luz suave y un delicado hilo musical llenan la sala. En las paredes se encuentran diversas puertas, que dan a las oficinas de los diferentes empleados. La relaciones públicas se encuentra tranquilamente sentada tras un moderno recibidor de metal y cristal, a juego con la sala y con el suave color del uniforme de la mujer.

En cualquier caso, es en las oficinas donde todo tiene lugar. En un tiempo en que la gente no necesita ir al banco para nada (la mayor parte de la gente no va en toda su vida), en estas oficinas pequeñas es donde se manejan los diferentes asuntos especiales que pueden afectar a los clientes, o aquellos que buscan cuentas especiales o, más habitualmente, los que están interesados en invertir pero no quieren negociar esto con una base de datos de la Matriz.

Las oficinas son pequeñas y luminosas, con una amplia mesa de cromo y cristal como centro, y elegantes estanterías del mismo material en las paredes. Dos confortables butacas de cuero reciben a los que acuden, mientras que en otra algo más grande se sienta el empleado. Las estanterías y la mesa se llenan de objetos personales del que trabaja en la oficina, destinados a que esta no parezca tan fría.

Hay una puerta que es la excepción a todas estas. Justo detrás del lugar de recepción de la relaciones públicas. Aparentemente es igual a las demás, pero el hecho de que dos fuertes agentes de seguridad se hallen vigilándola niega esa indiferencia. Es la zona de la cámara acorazada. En un tiempo donde el dinero es electrónico por completo, en esta cámara no se guardan nuyen ni oro. Son espacios seguros que uno puede alquilar por un precio para dejar en ellos documentación sensible, objetos importantes, o cualquier cosa que desee, y que el banco se haga cargo de su seguridad.

La puerta en si da a un estrecho pasillo blanco, liso y sin decoración alguna, con una puerta metálica reforzada al fondo. La puerta es infinitamente más resistente de lo que aparenta, y a su lado hay un panel con la ranura para la debida identificación del que acude a abrir la entrada.

Tras ello se llega a un distribuidor pequeño con una mesa central de madera y tres puertas igualmente reforzadas a su alrededor. Estas puertas dan a las salas acorazadas donde se guardan los objetos personales de los individuos. Son salas a las que tan sólo tiene acceso el empleado que nos ha abierto la entrada, y que pitan unos segundos antes de abrirse. Este pitido es para avisar al guardia del interior de que alguien va a entrar, con suficiente antelación como para que se prepare para ello. Las salas son pequeñas, con espacio para el guardia y una pequeña mesita con una pantalla. En las paredes se disponen ordenadamente todas las cajas selladas que se pueden alquilar, y que sólo se abren con la llave del dueño del momento. El operario coge la caja y la lleva a la antesala, donde espera el dueño, y se marcha, dejando al dueño con la intimidad que precise.

La seguridad es extremadamente fuerte en todo el banco. Todos los agentes de seguridad son empleados a tiempo completo del banco, implantados y armados fuertemente, y entrenados más que en abundancia (a menudo oriundos del ejército o de la policía) que reciben generosos sueldos para prevenir sobornos. Pero lo más fuerte es la seguridad pasiva y automática. Las oficinas y el hall central se hallan vigiladas por cámaras, con una barrera metálica blindada que se cierra en torno a puertas o ventanas en caso de que la seguridad del edificio se vea comprometida desde el exterior o del interior, y con BotonPánico en cada mesa; Lone Star no tarda más que unos pocos segundos en llegar con su primer coche patrulla (distrito AA). Pero el nudo de seguridad consiste en el pasillo que da a la cámara acorazada. El pasillo, de unos diez metros, tiene, nada más empezar, tres detectores consecutivos de cyberware, productos químicos y armas (todos de nivel 12 o superior), y una cámara localizada sobre la entrada; en caso de que cualquiera de ellos indique algo sospechoso, el manager es avisado automáticamente. Si al cabo de los siguientes cinco metros se vuelve a detectar algo sospechoso (de nuevo, otra tanda de detectores de igual o mayor nivel) y el manager no ha advertido de nada, sobre la puerta aparece una ametrallador automática, y la entrada en si queda absolutamente bloqueada, apagándose el sistema de identificación. Se empieza a soltar gas somnífero inmediatamente, que hace un daño 8G por turno, no letal. Ni que decir tiene que la ametralladora abrirá fuego si siguen avanzando, disparando en ráfagas de 10 proyectiles (30 de gel iniciales, después explosivas mejoradas, sin retroceso por estar montada sobre una estructura apropiada) y que es imposible esquivar (no valen chequeos de esquiva). En caso de que toda esa seguridad sea superada sin alertarla, se encuentran con que tienen que forzar la cerradura: esta requiere comprobación de voz, de retina, de palma y genética (todas a nivel 12); si alguien la quiere abrir y manipular, la carcasa resulta difícil de abrir (dificultad 10) y contiene un detector de vibraciones que activa automáticamente la ametralladora en modo disparo, y el gas, si detecta que está siendo manipulada. Tras esto, la cámara de la mesa tan sólo tiene cámaras, que dan a las pantallas de los agentes de seguridad de las salas blindadas, para que estos sepan quién trata de abrir, y estén preparados para disparar en caso necesario.

Todo este sistema de seguridad es controlado desde un piso situado treinta plantas por encima del banco, sin aparente relación ninguna con él (oficialmente es el piso de vivienda de un tal Thomas Irvin y su familia), en donde se halla sentado un ciberpiloto de edificios que maneja todos los sistemas de seguridad para comprobar que no cometan fallos y todo funcione como debe. La única manera de acceder al piso es por medio de un ascensor que se halla directamente conectado con la oficina del encargado del banco (una de las oficinas alrededor del hall principal), aunque disimulada perfectamente en la pared (chequeo de Percepción dificultad 12 para darse cuenta de que está allí, mínimo 4 éxitos para detectarla y descubrir cómo se abre). Para abrir este ascensor hace falta emplear una llave que sólo tiene el ciberpiloto, y, una vez este se halla en su puesto de trabajo, el ascensor pasa a estar controlado únicamente por él. Hay tres ciberpilotos en turnos rotatorios de de ocho horas cada uno, empleados leales y con más que generoso sueldo (además de un porcentaje pequeño de las ganancias/pérdidas del banco).

En términos mágicos, todo el banco se halla patrullado por cuatro elementales (el tipo varía), normalmente de Energías entre 7 y 10. La zona del pasillo y las cámaras acorazadas tras él se hallan rodeados por una barrera mágica de Energía 12 (recuerda que cualquier ataque a la barrera alerta inmediatamente al mago que la invocó; este, inmediatamente, procederá a dar la alarma a los servicios de seguridad del banco y a Lone Star).

Jane Ferris es la actual directora de la sucursal, una mujer por encima de la cuarentena que se conserva bien físicamente gracias al ejercicio y las operaciones. Es una eminente economista, que consiguió trabajo con el banco tan pronto salió de la carrera gracias a su brillante expediente. Alcanzó el puesto de directora de esta sucursal hace siete años, y ha manejado el banco a la perfección desde entonces. Es seria, sobria, y culta, aunque un tanto fría de más cuando se habla de cosas no relacionadas con el banco.