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El alcance del Espejo es tal que la palabra vasto se queda corto. Operan en todo el mundo y más allá. Las sombras de la Luna los conocen, y las estaciones espaciales en órbita. ¡Incluso Zurich-Orbital tiene un par de infiltrados!

¿Y cómo lo logran? Pues es muy sencillo. Contactos. La palabra que mueve el mundo. Su escaso número de agentes (medio millar de Agentes completos, más o menos) se infiltra en las ciudades más importantes del mundo, capitales de los distintos países: Berlín, Washington, Madrid, Tenochititlán,...

Desde allí, operando tras innumerables identidades distintas, comienzan a establecer contactos. En esta ocasión pueden ser un traficante de armas, un espía búlgaro, un policía secreto chino, o un millar más de posibilidades. Entablan negocios y se ganan la confianza de gente clave: jefes del crimen organizado, políticos, jueces, todos están a su alcance.

Comienzan a hacer tratos con ellos mientras recavan sus más oscuros secretos, consiguiendo así un seguro por si algo sale mal. Y, así, la información de las distintas agencias de espionaje, vigilancia, y demás, al trabajo de todas las agencias del mundo, quedan a su sombra.

La información les llueve a raudales. Un selecto grupo de Agentes del más alto rango elaboran informes resumidos y los clasifican por temas y lugares. Luego, se entregan al responsable, que ordena una respuesta que es ejecutada.

Sin embargo, el alcance del Espejo les suele permitir no ensuciarse las manos. Manipulan los hechos y las gentes para que alguno de sus contactos se dé cuenta de que le interesa neutralizar eso que molesta al Espejo. Así, los Agentes no suelen necesitar intervenir directamente, sino que lo solucionan por intermediarios, manteniéndose en las sombras a base de usar otras sombras.

Así, los negocios de la agencia dan sus beneficios, con los que pagan sus gastos y necesidades, y compran favores políticos. Poco a poco, continúan tejiendo su tapiz en torno al mundo, de un modo perfectamente comparable a como lo hace Lofwyr, su mayor enemigo...