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James Brocklock nació en Big Rabitts, Wisconsin, EUCA, el 4 de Abril del 2036 hijo de un samurai y una cyberpiloto. Los primeros años de su infancia fueron los más felices de su vida, jugando con su hermano pequeño Michael. De aquella, él ignoraba a qué se habían dedicado sus padres.

En el colegio  conoció al que sería su mejor amigo, Neron. Lo hacían todo juntos, y juntos decidieron ser samuráis.  Fue un día en que Michael les estaba enseñando algunos paisajes de la Matriz, cuando ambos amigos decidieron subir al desván, lo que les estaba prohibido. Allí encontraron numerosas armas y aparatos tecnológicos y ellos alucinaron con ellas. Jugaron largo con ellas, pero acabaron peléandose por una de ellas, que a ambos les gustaba más. Causando tanto ruido que despertaron al padre de James. Tras una bronca monumental, les dijo toda la verdad, y, cuando ambos se lo pidieron, accedió a enseñarles las artes del samurai. 

Entre sus dos padres les enseñaron a pilotar motos como diablos de la carretera, a disparar como demonios y a usar su inteligencia como ángeles. Sin embargo, lo más importante y que caló más hondo, fue el código del samurai, todo aquello que los diferenciaba de los simples mercenarios. Neron, sin embargo, no aceptó las limitaciones que el código les imponía, y el padre de James se negó a seguir entrenándole. 

Neron odió a su amigo y al padre, y retó a James a un duelo, diciendo que si era un auténtico samurai no podía rechazar. Entonces, y pese a que su padre le dijo que no lo hiciese, ambos se batieron a puño descubierto, y James venció. Neron juró entonces vengarse, y que le demostraría que él era mejor. 

Pasaron los años, y el entrenamiento prosiguió. Sin embargo, cuando casi había terminado, y mientras visitaba una exposición de Ares en Chicago con su padre. A los pocos días de llegar a la ciudad, paseando con su hermano, los miembros de una banda aparecieron con pipas y comenzaron a disparar contra ambos muchachos. James desenfundó su propia pistola y abrió fuego contra ellos. La tragedia ocurrió cuando, en el tiroteo, James alcanzó a su hermano en el pecho, y nada se pudo hacer por salvar su vida. 

La verdad nunca llegó a saberla, pero era bastante más siniestra y terrible. James nunca había alcanzado a su hermano, sino que lo había hecho Neron, que era el que había contratado a los pandilleros. Lo ejecutó de tal manera que James pensase que había sido él, pero no fue así. Era el primer paso de la venganza.

En cualquier caso, tras dos años en coma, Michael Broclock falleció en el hospital, y su padre nunca llegó a perdonar a James. Así pues, James tomó el sobrenombre de Fukay y, con un contacto llamado Nailer como única referencia, se echó a la carretera rumbo a Seattle, para convertirse en una leyenda de las sombras o morir en el intento.

Pero Fukay era un hombre de sangre caliente, y aquello sería su ruina. Entró en un grupo de runners que trabajaban para el fixer, y llevó a cabo varios runs con ellos. Y parecía que todo iba bien hasta que tuvo que entrar en la Workhammer Construction Industries. El plan había sido bueno, pero él y Stalker la habían cagado a base de bien y hubo que entrar a la fuerza. El resultado es que Fukay acabó quedándose sólo en el edificio, y la única manera que tenía de salir era seguir las indicaciones que Sepherim le colocaba en las pantallas que había dispuestas por el edificio. Y fue así hasta que llegó al piso de uno de los corporativos que trabajaban allí, cogiéndolo mientras se cambiaba. Se vio forzado a hablar con Sepherim y la única manera que se le ocurrió en el momento fue degollar al hombre para escribir con su sangre. Esa fue la primera señal de lo que estaba por venir. Tanta muerte se había acabado por meter en su mente, y empezaba a afectarle.

Fue capaz de escapar de esa, pero el resto del grupo le volvió la espalda, negándose a volver a trabajar con él. Encontró un nuevo grupo, pero era uno mucho más sangriento y con peor reputación. Comenzó a hacer runs con ellos y la muerte se le fue metiendo dentro cada vez más. Empezó a pensar que matar no estaba mal, y de ahí pasó a pensar que él tenía derecho a disponer de la vida y la muerte de los demás, si con eso se beneficiaba.

La situación sólo empeoró cuando comenzó a recibir los fragmentos de sus padres por carta. Intentó descubrir quién lo había hecho, y acabó dando con que había sido Neron, aunque no fue quién de localizar al otro. Volvió a Seattle y fue más bruto que nunca. La muerte y la vida ya no tenían valor.

Tanto fue así, que su segundo grupo acabó discutiendo con él y los tuvo que dejar. Comenzó a hacer runs en solitario y pronto se fueron haciendo más violentos, y sus encargos igual. Fue conocido por su brutalidad y la violencia sin razón de sus runs durante un tiempo. Pero todo llega a su fin, y nuestro drama ha de tener el suyo.

Un día, Neron decidió que no podía torturar más a Fukay y se presentó ante él para medirse en el duelo final. Ambos habían mejorado mucho desde que se conocieran, y ya no eran los mismos tampoco en personalidad. El duelo fue largo, pues ambos estaban igualados, pero Neron acabó por atravesar al samurai de punta a punta.

Es irónico que, al final, el monstruo resultase ser mucho más benévolo que el samurai honorable, pero así fue. Fukay había sido conocido por mutilar, en ocasiones, a gente a la que acababa de tumbar, matándolos lentamente. Neron no lo hizo, se limitó a rematarlo de un tajo letal en el cuello, asqueado del monstruo en el que Fukay, "el bueno de los dos", se había convertido.

La moraleja de esta historia es simple, y en ella radica todo su horror. Muchos runners son conocidos por ser insensibles, y eso es normal, es lo que evita que nos volvamos locos. Fukay no lo era, y ante tanto horror, lo único que su mente pudo hacer para mantener la cordura fue abrazarlo con las dos manos. La muerte no deja indiferente a nadie, pero nos afecta a cada uno de manera distinta. Yo, por ejemplo, reaccioné negándome a volver a empuñar un arma. El nuestro es un trabajo muy destructivo, por eso somos, de una manera u otra, la escoria de la sociedad. Lamentablemente, seguiremos existiendo mientras alguien nos necesite y pague.