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Un club con prohibición de armas, que los seguratas te cachean hasta más no poder hasta encontrar la cerbatana que llevas escondida en la tráquea. ¿Y qué valor tienen si puedes llevar una escopeta metida en el brazo de la que no se pueden librar?

Para eso, las distintas corporaciones han desarrollado unos nuevos aparatos llamados inhibidores de implantes. Estos aparatos electrónicos de última generación están diseñados para anular por completo un implante, y existen para la mayoría de implantes cibernéticos del mercado.

Así, un conector de datos se anula con un inhibidor que se engancha a la conexión y la tapona, impidiendo conectar cualquier jack. Un inhibidor de ciberreflejos se coloca en el lugar apropiado de la cabeza, de manera que anula el interfaz que une el ciberimplante con la cabeza en si, anulando sus efectos.

Sin embargo, hay que tener en cuenta un par de cosas acerca de ellos. Son aparatos muy específicos y precisos, que son casi imposible de colocar sin el consentimiento del implantado. Así que nada de pistolas lanzadoras de inhibidores ni nada por el estilo. Se colocan siempre que el objetivo se deje o no pueda defenderse (esté dormido, atado, ...) y, en estas situaciones, se puede exigir un chequeo para ver si se coloca correctamente.

Además, ciertos inhibidores tienen niveles. Estos son los que inhiben los implantes que tienen niveles (como los ciberreflejos). Esto se debe a que los interfaces de unos y otros no suelen tener nada que ver, de manera que un inhibidor de ciberreflejos nivel 1 no sirve con ciberreflejos nivel 2. Es más, serán completamente inútiles. La excepción es si el inhibidor es de mayor nivel que el implante, que si que lo anula.

Finalmente, decir que el coste del inhibidor normalmente gira en torno al 10% del valor del implante original, compartiendo con este su factor callejero y disponibilidad. Por otro lado, todos los inhibidores son completamente legales.