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Vanel Eremas significa, en sperethiel, "alma de papel", y son un conjunto de pergaminos antiquísimos (unos once mil trescientos años) que contienen el diario de Thanatoss Swiftbreeze, un explorador del Cuarto Mundo. Son un papel quebradizo y amarillento, cubiertos de una letra clara y limpia, aunque algo puntiaguda. La narración es cuidada y fluida, transportado al lector a un mundo olvidado de secretos perdidos. Sin embargo, hay una peculiaridad en ellos: los pergaminos son duales, pues han recibido un Nombre. En cualquier caso, la historia contenida se resumiría así:

Thanatoss nació en Kaetar, un kaer (algo similar a una ciudad subterránea) sellado al mundo exterior, y vivió una vida más o menos tranquila hasta que los ancianos que gobernaban lo convocaron a él y a los otros pocos Adeptos (está claro que él no entiende lo mismo que nosotros por esa palabra) a concilio,  y les comunica que es hora de que el kaer sea abierto de nuevo. Sin embargo, han de salir y comprobar que no haya Horrores fuera.

Así pues, el grupo hace una expedición fuera que resulta bien. Los envían a visitar el kaer más cercano, y vuelven tras toparlo completamente arrasado por una gárgola y un ejército de zombies. Así pues, los envían todavía más lejos, a una ciudad que marca un mapa antiguo. Viajan hasta allí y la ciudad bulle de actividad. Sin embargo, a la vuelta a su kaer se encuentran con que todo el mundo ha desaparecido en mitad de sus labores, sin dejar señales de combate y sin que los espíritus de la zona sepan qué fue lo que pasó.

Todos juran vengarse, y con ese fin parten por el mundo (que ellos llaman Barsaive) a descubrir qué fue lo que ocurrió. Pasa un tiempo antes de que encuentren una pista, en una extraña taberna de carretera. Allí, un anciano les cuenta la historia de una antigua joya que daba el poder de ver el pasado, perdida en las Montañas del Trueno, de donde son ellos. Vuelven a las montañas de su hogar y se van dando cuenta, poco a poco, de que hay otros grupos interesados en conseguir esa joya, cueste lo que cueste.

Tras varios infortunios, enfrentamientos y vicisitudes, acaban encontrando un templo perdido, en cuyo centro descansa una joya que irradia una fuerza y un poder mágico nunca visto. Erevenial Toh. Recogen la joya con cuidado, y el Elementalista del grupo se uné rápidamente a ella para acceder a sus poderes, que permanecen velados porque parecen necesitar conocer la historia de la joya para poder usar su magia. Así pues, abandonan el tiempo y comienzan una tremenda búsqueda por todo Barsaive para encontrar el pasado de la joya.

Así fue como, poco a poco, fueron descubriendo cómo había sido forjada por Nimué, el más brillante de los herreros de aquella época, con la ayuda de su amigo mago Ervain, que iba introduciendo en ella poder mágico puro. Y supieron también cómo Ervain mató a su amigo para quedarse con la joya, para ser asesinado años después por otro, ansioso de su poder. Y cómo la historia de la joya se fue marcando con caminos de sangre hasta que su rastro se pierde tras haber pasado por manos de un caudillo troll.

Con todo este conocimiento, los secretos de la joya se fueron abriendo ante el Elementalista, que se reunió con sus amigos una noche en su fortaleza, listo para que el tiempo revelase el secreto de quien había destruido a sus familias, a sus amigos, a sus amados y odiados. Y la joya reveló cómo una única entidad (que ellos llaman Horror) aparece en el pueblo y elimina a toda la gente mientras estas se acurruca en el suelo, destruidas sus mentes cuerdas por el propio miedo a la criatura.

Y parten una vez más a buscar a la criatura y cobrar venganza debida. Y así aprenden que la criatura se llama Arasgael, y finalmente se topan con ella una noche. Y narra cómo habló la criatura, y convenció a todos de que el combate era inútil, que todo había sido hecho por un bien mayor. Arasgael cuenta entonces (y a lo largo de los siguientes años, pues Thanatoss llega a hacerse amigo de tan extraña criatura) cómo la joya había sido escondida por el poderoso caudillo troll Rughaur, y que, de no haber intervenido, hubiera permanecido perdida para toda la humanidad, pasando de largo en su historia. Y eso es algo que no podía pasar. Y así fue como Arasgael se vio forzado a sacar a diversos grupos de Adeptos de sus vidas normales, y convencerlos de que fuesen tras la joya por la razón apropiada cada uno, y esos eran los otros grupos que perseguían la joya. Así, la joya volvió al centro de la historia de la humanidad, y podría cumplir su destino en el futuro.

Mientras transcurrían los meses y Thanatoss aprendía de Arasgael, el Elementalista también fue estudiando la joya, y viendo crecer sus poderes. Así fue como, una noche, reunió a sus compañeros y se había quitado la joya por primera vez desde que se hubiera atado a ella. Y habló. Y dijo que en el interior de la joya moraba un terrible mal, el gran mal, el gran devorador, y que devoraría el mundo si se le diese la ocasión. Y todos decidieron destruir la joya, aunque eso implicase evitar que cumpliese su destino, y contrariar a Arasgael.

Y marcharon una vez más, lejos y más lejos, en la búsqueda de un arma mágica suficientemente poderosa como para destruir una estrella. Oyeron hablar de una tal hacha, perdida en la oscuridad del Kaer de la Espada, Kaemourn. Y allí descendieron, y de los peligros que allí vivieron sólo se hacen referencias vagas. Valga decir que emergieron finalmente a la luz, portando el Hacha de Harmfald, el rey enano que gobernaba ese kaer, y que osó enfrentarse al mismísimo Verjigorm.

Viajaron finalmente al sur, de vuelta al templo donde todo había empezado, y rodearon todos la joya, mientras el Guerrero levantaba el hacha y la dejaba caer sobre la joya. Y la explosión mágica resultante los hizo a todos envejecer siglos. Los humanos, los obsidiman, t'skarang y los enanos cayeron todos allí mismo, muertos de vejez, quedando sólo los tres elfos en pie, ancianos y decrépitos.

Y en el lugar donde estaba Erevenial Toh se hallaban ahora cuatro piedras ovaladas, cada una de un color y con una runa dentro. Y entre los tres elfos, y con la ayuda de los amigos que habían hecho a lo largo de sus andares, hicieron que las piedras se desperdigasen a los cuatro vientos, para que nunca más pudieran volver a unirse.

Las últimas páginas las escribe Thanatoss pocos días después, en su habitación de la fortaleza, yaciente de muerte por vejez. Y lo hace mientras habla con Arasgael y le cuenta lo que acaban de hacer, la traición... la venganza por el asesinato del pueblo de Kaetar, aún cuando fuese por un bien mayor... y con ironía, pues destruir el mal de la joya seguía siendo un mal mayor...

La última página queda incompleta, pues Thanatoss murió escribiendo, pero, por alguna razón, la sensación de que da es que Arasgael perdonó al elfo, y que tomó los pergaminos para proteger el legado de su único amigo...